TAN RICOS Y TAN POBRES

TAN RICTAN RICOSOS Y TAN POBRES

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Dr. RUBEN O. THIEME
NOTA DE OPINION
Disparates estadísticos: Tan ricos y tan pobres.

Hemos leído con suma atención la nota de fondo, publicada por el prestigioso diario Comercio y Justicia, titulada “Disparates Estadísticos: Ni tan ricos ni tan pobres”. Su autor, el reconocido Prof. Contador Salvador Treber, nos deslumbra, una vez más, con su consabida virtud didáctica y a veces cediendo al cáustico humor que lo caracteriza, se permite, con razones en apariencia inobjetables, “corregir” al historiador Paul Kennedy, profesor de historia de la Universidad de Yale, como “un verdadero testimonio del manejo inexperto de datos”. Compartimos la crítica. Las “escuelas” que abordan la materia económica, hoy hegemónicas y mediáticas, son las que distinguen notoriamente a los que denominamos, economistas “sistémicos” (funcionales al sistema) y economistas “formales” ( aquellos que no trascienden el mero análisis –por alambicado que pretenda ser- y la sola descripción los fenómenos que expresan la superficie del sistema económico). Ambas “escuelas económicas” carecen de la formación científica necesaria para estudiar las leyes, esto es, las relaciones esenciales, que rigen la vida del sistema económico del capital.
El método de investigación de la economía científica clásica, como ciencia social, no adquiere esa “forma” de generalidades abstractas, desligadas del objeto de investigación, ni adhiere a la “pericia” del pragmatismo en analizar variables superficiales, sino que su propósito es conocer las relaciones esenciales objetivas (leyes) de la materia investigada. Para parafrasear a algunos economistas de esta corriente científica, “nuestro propósito es callar y permitir al objeto contar su propia historia”.

Es cierto, como lo afirma nuestro reconocido profesor, que los datos estadísticos sirven – de hecho son útiles en ciertas condiciones técnicas – “para arribar a resultados equivocados y falsos” que se “utilizan con indisimulada mala fe” para “encubrir la realidad y otorgar “patente” de certeza a algo que puede ser exactamente lo contrario”.

También es cierto que:“el Banco Mundial, desde hace dos décadas” apela a artificios estadísticos para “corregir” “el error de comparar magnitudes heterogéneas” como el Producto Bruto Interno total y por habitante, entre países. El Banco Mundial, que a no dudar dispone de una innegable riqueza de datos, al mismo tiempo, “ejercita” los mismos métodos de “manipulación” de los parámetros de la realidad, para escamotear al mundo, el terrible horror económico-social de una economía de mercado, que a la hora actual, protagoniza la agonía final de un sistema. Y todos los esfuerzos “metodológicos”, lo son en aras de conservar y promover políticas que han sumergido a más del 80% de los habitantes del planeta en un progresivo, y cada vez más acelerado, genocidio social. El Banco Mundial, de quien no se puede negar su calidad de ser un conspicuo organismo multilateral dominado por la gran banca internacional, con cuya injerencia insoslayable e “interesada”, es uno de los entes que ha dado lugar a la más flagrante y deshumanizada expropiación y saqueo de los pueblos y sus economías locales a escala mundial.

Es cierto, que con fines de demostrar lo indemostrable, como es el caso del Prof. Paul Kennedy y el de cierta prensa “especializada”, a los cuales alude el autor, se divulgan estadísticas falaces. Así se difunde con liviandad, como una cuestión de fe indiscutible, el aumento del Índice de Precios al Consumidor que sujeto a una evidente “manipulación” de datos, colisiona con la realidad de los bolsillos y nos quiere convencer a los argentinos, de que nuestra capacidad de compra o poder adquisitivo (y por ende, nuestra “calidad de vida”), no ha sido pulverizada por efecto de la inflación desatada este año, por recetas económicas “sugeridas” por aquellos manipuladores de datos. A pesar de ello, el “método” del Banco Mundial parece “probar” que los argentinos, en definitiva, no somos: “ni tan ricos ni tan pobres”.

Ahora bien, la cuestión lanzada a debate, se trata de la medición del Producto Bruto Interno total y por habitante, y su grado de confiabilidad para “evaluar la realidad actual o anterior y elaborar con racionalidad proyecciones futuras”. Acompañamos las reflexiones críticas del Prof. Treber y la necesidad de “sustituir esos indicadores por otros que reflejan
mejor la verdad”.

La “corrección” introducida por el Banco Mundial, esto es el Índice “especial” del Poder Adquisitivo Promedio (PPP), según asegura el autor del artículo, “elimina esas distorsiones y permite hacer comparaciones internacionales pues establece una relación homogénea sobre la base de precios promedio del poder adquisitivo relativo” de una canasta internacional. Sin embargo, la fuente metodológica, no dejar de estar, al menos, bajo sospecha. En consecuencia, siguiendo el “método” del Banco Mundial, es poco probable que se pueda “corregir” aquello que, desde su origen, está cuestionado por su concepción misma.

Las cantidades y precios de los diversos artículos que se ofrecen en el mercado, son los únicos datos en los que reside alguna esperanza seria de organizar sobre ellos una medición de los cambios del Producto Bruto. Si alguna medición queremos practicar, no nos queda otra opción que valernos de aquellos datos. Pero, nos topamos con la dificultad de que los cambios de precios y cantidades varían, a veces sustancialmente, de periodo a período.

No es lo mismo que los cambios de precios se vinculen (ponderen) con los productos consumidos y disponibles ya sea del primer período o bien del segundo período.

En el caso argentino, todos sabemos que el aumento de precios de los servicios privatizados ha sido notablemente superior al de los precios de los restantes productos, todo ello en épocas de supuesta convertibilidad y estabilidad económica. Este cambio entre aquellos, y otros tipos de productos ( cambio en los precios relativos ) conduce a que las “mediciones” del PBI, en términos de precios y cantidades del primer periodo (por ej., al comienzo de la convertibilidad) y en términos de precios y cantidades del segundo período (por ej., al fin de la convertibilidad en Diciembre del 2001), puedan producir resultados contradictorios.

Si esos resultados contradictorios en las “mediciones” existen, ¿Cómo se puede concluir cual será la medición correcta del Producto Bruto?. Es probable que las mediciones entre aquellos dos periodos recientes de la economía argentina, conduzcan a resultados contradictorios, y para tal situación, no existe verdad posible.

Si los gustos y la distribución del poder de compra fueran fijados verdaderamente, los cambios en la medición del Producto estarían “libres de ambigüedades” y por lo tanto, sería confiable. Sin embargo, si la capacidad de compra, la distribución del ingreso y los precios relativos varían, ninguna certeza es posible. En tales circunstancias no tiene sentido de hablar de un aumento o disminución del Producto Nacional (real) en un sentido absoluto. Es decir, cuando se divulga habitualmente, por parte de la prensa “especializada” en Argentina, que el PBI creció en forma explosiva durante la década menemista de los años 90, y asombrosamente, ello es admitido pacíficamente por la enorme mayoría de los economistas llamados “progresistas”, no se hace más que contribuir a publicitar un probable “disparate estadístico”, promovido por los economistas “formales” y “sistémicos” ( profesionales asalariados o asociados a grupos de “intereses dominantes” como autores registrados de la crisis terminal argentina ), para justificar sus políticas depredatorias.

Muestra de ello, es que “en los ’90 el PBI ha sido objeto de diversas manipulaciones oficiales (que ampliaron falsificaciones anteriores ), destinadas a inflarlo. Una de ellas consistió en agregarle un componente de actividades no registradas “estimadas” en un 28% del total; otras fueron, la subestimación de los insumos productivos importados, del contrabando, etc.. Además se siguió utilizando para los cálculos una estructura del PBI obsoleta, tanto que cuando fue oficialmente “actualizada” (en 1999), el gobierno informó sorpresivamente que se había visto obligado a rebanarle unos 30 mil millones de dólares al PBI de 1998 (más del 9%)”(El Dipló-Diciembre 2000-nota pie de página- Pág. 5-Jorge Beinstein)
Ruben O. Thieme
Doctor en Economía (UBA)
M.P. Nro. 28-C.P.C.E. Cba.

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